18 de enero de 2017

Élites

Está uno por aceptar que, efectivamente, el eje de oposición élite/masa no sólo pueda ser sociológicamente relevante en determinados análisis sino que tal vez lo sea, también, políticamente. Aun cuando la mayor parte de la descripción marxista acerca del papel de la lucha de clases en la dinámica social parece mejor fundamentada y más acorde con los hechos, en el actual estado de las sociedades occidentales es posible que la contraposición entre la minoría privilegiada y la mayoría dirigida juege un papel nada desdeñable y atraviese las clásicas separaciones entre grupos sociales en función de su capital modificando los antagonismos tradicionales. Por ejemplo: al leer las palabras de Meryl Streep, jaleadas por tantos representantes de los grupos protagonistas de "la sociedad del espectáculo" que forman parte de esa élite, se puede entender una reacción, silenciosa, que pone a muchos en manos de Trump y a otros nos sitúa en un aparente terreno de nadie que muchos entendimientos precarios considerarían "derechista". Decir que - presumiendo que la traducción es más o menos adecuada - "Hollywood avanza gracias a los extranjeros y a los que llegan del exterior. Si los echamos a todos, no tendremos nada para ver más que fútbol (americano) y artes marciales combinadas, que no es un arte", establece - entre otras valoraciones - una distinción burda entre la actividad desempeñada por los colectivos asociados a la industria cinematográfica, que se equipara a la alta cultura, y la vulgaridad de aquellos espectáculos de consumo que realizan otros grupos. Esta separación, además de ser pretenciosa, es simplista a tenor de los casos utilizados para realizarla. Pretender que El diablo se viste de Prada (The Devil wears Prada) es "arte" mientras que el partido de la semana pasada entre Green Bay Packers y New York Giants no es más que entretenimiento trivial es harto discutible. La basura también abunda en Hollywood: no se concentra en los campos deportivos ni en la televisión por cable. Cuando Streep ampara la necesaria crítica a la xenofobia en la defensa, con esprit de corps, del entramado hollywoodiense y sus productos, la sustrae de cualquier posible análisis reflexivo y objetivo vinculándola a la expresión ideológica de un grupo pertrechado de un estatuto y unas prerrogativas al alcance de muy pocos. Y al hacerlo resulta difícil evitar la amalgama entre sus intereses particulares y grupales y los valores que defiene. Algunos de estos son inseparables de su posición pero otros no y estos últimos - que como el desprecio de las conductas y actitudes xenófobas que son compartidas (o deberían serlo) por amplísimos sectores -, difícilmente serán distinguidos de los primeros.

15 de enero de 2017

Un poema de Raúl Zurita


"KNOCKIN‘ ON HEAVEN'S DOOR

El hijo de puta no dejaba de ser cómico y no nos
perdíamos ninguno de sus discursos. Tenían algo
espantosamente divertido. Sobre todo tres: cuando
dictó una ley donde se igualaba la jubilación de los
empleados y de los obreros, cuando respondió a una
petición de amnistía y cuando inauguró un nuevo
año judicial. Las frases fueron:
1. Porque de ahora en adelante señores, en Chile
todos somos iguales, comenzando por este
Presidente que desde arriba os habla.
2. Pero amnistía no Medina, el que pecó, pecó.
3. Antes de hablar señores, voy a decir algunas
palabras. Y después dicen que el gran hijo de puta no tenia
gracia. A mí me mataron al amanecer, al lado de
una carretera. Me hicieron pulpa.
Pero antes sí que me hizo reír el muy hijo de puta.

Golpeando, golpeando las 
puertas del cielo 

Golpeando, golpeando las 
puertas del cielo"

(Tu vida rompiéndose. Antología personal, p511).

12 de enero de 2017

Boutade

Nunca fue uno entusiasta de Michel Serres: su prosa era áspera, comparada con la de Foucault o Derrida, y sus afirmaciones y argumentaciones demasiado moderadas y equilibradas, sin el punto de provocación y demarraje de estos últimos. Ahora, si se hace caso a lo que se dice en El País, parece que se ha situado en su estela y le ha cogido el gusto, más que a la hipérbole, a la boutade. El periódico afirma que, en su nuevo libro, critica tanto la metáfora de Hobbes - convertida en tesis - del hombre como lobo para el hombre, como el abuso de la tesis devenida metáfora de Hegel sobre la "tarea de lo negativo" en la historia. Seguramente será más ponderado de lo que aparece reseñado en el medio de comunicación pero que Europa occidental viva "un verdadero paraíso, con una paz que dura ya 70 años, ¡70 años, algo nunca visto desde la guerra de Troya!" tal vez sirva como argumento contra las teleologías apocalípticas pero no da sustento empírico mínimamente serio como para afirmar que el ser humano "nunca ha vivido una época tan larga y tan intensa de paz". Lo dicho: una boutade.

7 de enero de 2017

Concluido el poemario

Y después de unos meses de trabajo, a veces intenso a veces desmayado y plagado de dudas, reescrituras, detenciones, retenciones y cambios de opinión, la primera versión del poemario que Agustín Calvo Galán encendió, sin saberlo, en mayo, ya está concluida. De momento lleva por título Rememoración. Unas semanitas de reposo, una primera revisión y a recabar el juicio de los amigos antes de darle su forma definitiva. ¡Avisados estáis!


3 de enero de 2017

Derechizaciones

La reacción ante un par de comentarios sarcásticos y pretendidamente jocosos que uno realizó el otro día al pasar por la Feria del Consumo Responsable (Economía social y solidaria), que por segundo año consecutivo está instalada en la Plaza de Catalunya, y una reciente conversación con Eduardo Moga acerca de una aparente "derechización" que, a la reduccioniosta mirada de algunos, parecerían sugerir determinadas observaciones y comentarios vertidos en este cuaderno están a un paso de obligarme a exponer, a modo de justificación autocrítica a la vietnamita, los motivos por los cuales en algunos aspectos no puedo identificarme con algunas tesis de la llamada "izquierda política" sin que ello equivalga a ningún alineamiento claro con sus oponentes. El problema es que tal propósito choca, por un lado, con la fuerza de la pereza que provoca el enfrentamiento con la simplicidad e implica, por otro, aceptar de algún modo un veredicto moral heterónomo y ajeno a la reflexión crítica de la que esta izquierda se proclama estandarte aun cuando su historia contradice ampliamente esta presunción. Veremos. De todas formas, mientras se le da vueltas, un ejemplo a título de tropo: entre la opción de convertir el espacio central de la ciudad en una pista de hielo para acceder a la cual hay que pagar una buena cantidad de euros que no está al alcance de todos los bolsillos y la de instalar una muestra de organizaciones que promueven una actividad económica "social y sostenible" gratis, de libre acceso y con diversos montajes para que los niños se aburran - o distraigan que de todo hay - un rato, no hay color desde el punto de vista de las posibilidades de disfrute colectivo. Ahora bien, de ahí a creerse a pies juntillas la retórica ludita, antiintelectual, artesana y filoagraria de cierto anticapitalismo que amalgama ciencia, técnica y estructura económica en un todo indivisible y que domina en esta exposición y en el imaginario de algunos de los que la han promovido hay demasiado trecho: es un discurso preferible en muchos aspectos al que se articula en torno al consumo desaforado y el egoísmo pero, como el "socialismo o barbarie" del que hablaba hace días, sólo debería ser tomado con cautela, como opción menos mala. Ya está ¿Derechización? En fin... Pues qué le vamos a hacer. Sólo una precaución: no estaría de más que leyeran un poco a Marx quienes realizan semejante deducción con tanta ligereza.

30 de diciembre de 2016

Sisa: poesía e independencia

En la fatigosa controversia entre secesionistas catalanes y españolistas no abundan los puntos de vista racionales, ni razonables. Pese a ello, tiene uno la impresión de que los primeros han aportado algo más en esta competición de carencias. El planteamiento del referéndum y la apelación a la discusión de sus condiciones y metodología ofrece una muestra. Cierto que, cuando entre los aspectos a negociar se incluye cuándo tiempo tendría que pasar hasta convocar otro si el primero no satisfaciera las esperanzas de conseguir por la vía de los votos una República Catalana Independiente, uno está tentado de ver la determinación irracional de conseguir unos fines concretos a cualquier precio tras esa apelación al diálogo y la solución pactada del contencioso. Pero cuanto menos en las formas - y la forma "es" fundamental en política -, han acumulado mayor bagaje de argumentación que sus rivales. Con todo, incluso aquí en Catalunya se hurta a los ciudadanos la discusión en términos de simple "sentido común", que no equivale a ese "común sentir" al que algunos lo reducen. Es decir, en términos de una racionalidad prudente, moderada en sus afirmaciones y que atiende ante todo a la ruda facticidad de la inevitable serie de acontecimientos en el tiempo como vara primera de medir antes que a la pertinencia del modelo teórico o del ideal contrafáctico. En ese sentido, y pese a que uno no comparte la implícita apreciación que subyace a sus declaraciones acerca de un cierto "carácter de los pueblos", las observaciones del cantautor Jaume Sisa sobre el papel de la literaturización de lo real en la política catalana ("la independencia se ha convertido en una idea poética. La poesía llena los vacíos de la realidad ordinaria y ayuda a soportarla pero en Catalunya se habla desde la poesía de la realidad ordinaria") y la evidencia histórica de los procesos de escisión de los estados ("Sin una guerra o una revolución esto de la independencia no es posible"), suponen unas gotas de la purificadora lluvia en este desierto saturado por los gritos de ánimo con los que ambos bandos se enardecen en el campo abierto antes del enfrentamiento y mediante los que sustituyen la pausada apreciación de pros, contras, posibilidades y límites de las ideas que tratan de convertir en realidades en el oscuro bosque  en el que siempre estamos.


20 de diciembre de 2016

Escenas de padres y profesores

El otro día, en uno de los muros de un instituto apareció una pintada amenazando de muerte al jefe de estudios. No era anónima: estaba firmada por lo que parecía ser un grupo. Como de costumbre, en pocas horas los alumnos ya sabían quién se ocultaba tras el rimbombante nombre y, también como de costumbre, antes de acabar la jornada lectiva en los despachos de la Junta directiva ya se disponía de la lista de integrantes del colectivo. Llamados a capítulo, cuatro alumnos de ESO reconocieron ser los autores y se identificaron como miembros del grupo. La dirección, aquejada tal vez por el virus de la progresía romántica, decidió que el castigo debía limitarse a una simple amonestación verbal y dos horas de pedagógico trabajo comunitario el primer lunes del mes siguiente. Veinticuatro horas más tarde una de las madres, abogada, se personó en el centro sin cita previa alguna y exigió, y logró sin dificultades, entrevistarse con el director. No hubo mucho diálogo. La madre, después de asegurar que "no había pruebas" de que su hijo hubiera participado en la "presunta falta" (pese a que lo había reconocido unas horas antes) y de que, en cualquier caso, el castigo era claramente "desproporcionado", amenazó, a voz en grito, con llevar el caso a la inspección educativa y, si fuera necesario, a los tribunales que para eso era abogada. La leve sanción no se llegó a comunicar y menos todavía a cumplir.

Así estamos...

9 de diciembre de 2016

Microcríticas (5)

La séptima función del lenguaje. Laurent Binet.
A rebufo de El nombre de la Rosa, el planteamiento de la trama como misterio que se desarrolla en el escenario del espectáculo cultural europeo de principios de los ochenta resulta estimulante y mientras la acción transcurre en Paris su atractivo atrapa. Sin embargo, cuando se pierde de vista el horizonte de las figuras del mandarinato intelectual francés estructuralista y postestructuralista y el argumento renuncia paulatinamente a las exigencias de la verosimilitud, desparramándose por demasiados caminos, vías su encanto se diluye con rapidez. En su haber, el relato de una conferencia de Derrida en Cornell (con Searle entre el público), el dibujo de la intensa vida sexual de Foucault o la caricatura de Sollers.

30 de noviembre de 2016

La enseñanza por proyectos

Este pasado fin de semana se celebraron las V Jornadas de Secundaria en Barcelona. En esta ocasión el tema escogido fue, como dirían los periodistas, de "rabiosa actualidad": el aprendizaje por proyectos. Probablemente esta edición haya sido la mejor de las que ha organizado el sindicato tanto por la calidad y el rigor de las ponencias, como por la buena organización y la notable afluencia de público.
El primer día, Jesús C. Guillén, analizó las virtudes y límites del aprendizaje por proyectos desde el punto de vista de la neurociencia. Con una exposición chocante para muchos de nosotros por su vehemente y teatral puesta en escena, aportó buenos argumentos sostenidos en evidencias científicas para apoyar la utilidad del trabajo por proyectos pero también para no tomarlo como una panacea y ser prudentes en su posible generalización a todas y cada una de las etapas educativas. Después, José Manuel Lacasa, con la misma brillantez que exhibiera el pasado año, realizó una sólida, irónica y apabullante descripción del papel nuclear del adelgazamiento curricular en el declive de los sistemas educativos europeos y, al tiempo, en el auge de los asiáticos. Pero esta vez el despliegue de datos y motivos se acompañó de una pertinente reflexión acerca de hasta qué punto esta visión pedagógica, hegemónica actualmente en el viejo continente, es inseparable del dominio que, en el ámbito de la opinión pública, ejercen los movimientos ideológicos antiintelectualistas (de derecha e izquierda). Unos grupos que, objetivamente, están estrechamente relacionados con determinadas finalidades económicas.
El segundo día, el expresidente del Consejo Escolar del Estado, Francisco López Rupérez, desmintió - por una vez - mi inquebrantable fe en la estricta universalidad del Principio de Peter así como de la utilidad de poner entre paréntesis los prejuicios políticos a la hora de analizar críticamente un problema. De su impecable conferencia destacaría el hincapié que hizo en que la influencia entre emoción y cognición no es unidireccional, como algunos partidarios de la "nueva escuela" pregonan leyendo unilateralmente, y mal, algunos modelos suministrados por la neurociencia, sino que entre ambos fenómenos se da una interacción muy compleja, y su apuesta por acercarse al Mastery Learning como estrategia más compensada y avalada científicamente para abordar la consecución de los fines educativos públicos.
Una reflexión rica y sosegada que es, justo, lo que no abunda precisamente en el espacio de discusión pública acerca de los principios y fines de la enseñanza en nuestras sociedades.

26 de noviembre de 2016

Fidel

"¡Papá, Fidel ha muerto!". Ha sido uno de los primeros pensamientos que han acudido tras conocer la noticia de su muerte. Como si mi padre todavía estuviera vivo. Un enunciado que ha brotado automático, mecánico, involuntario. Irracional y fantasmático como el sentimiento de pesar que lo acompañaba y que me ha costado disipar. Para mi padre, como para mi abuelo, Fidel Castro era la encarnación de la esperanza, el símbolo de la posibilidad de los oprimidos de acabar con su sufrimiento. Para uno, aunque hubiera algún rastro de esa grandeza al principio, uno de tantos enterradores de los ideales emancipatorios del comunismo. Sin embargo, esta mañana, el sustrato sentimental heredado ha sido capaz de imponerse durante un buen rato sobre el racional. Luego, afortunadamente, la reflexión ha vuelto a situar su figura en el contexto de las perversiones totalitarias pero me temo que en esta oscilación nos hemos movido muchos. Demasiados quizá...

22 de noviembre de 2016

A vueltas, una vez más, con Trump

Tan sólo para dejar constancia de la creciente convicción de uno de que, junto a las fundamentales explicaciones económicas y sociológicas, una serie de variables relacionadas, en un sentido amplio, con lo que Offe denominaba "crisis de opinión pública", también han podido intervenir en este posible cambio de régimen en el centro del imperio. Una de ellas podría ser el vínculo entre el movimiento de corrección política y el infantilismo que buena parte de la izquierda norteamericana ha abrazado.

19 de noviembre de 2016

Microcríticas (4)

El Doctor Zhivago. Boris Pasternak.
Es difícil sustraerse a la impresión de que en el éxito de esta obra, aparte de la realización cinematográfica de David Lean y la represión estalinista, algo tuvo que ver la CIA y su estrategia de propaganda antisoviética como recientemente se ha probado. Demasiadas ayudas exteriores a la obra para aquellos que creen en el valor intrínseco del texto literario independientemente de sus condiciones sociales. La estructura providencial de la obra, en su estricto sentido cristiano, es probablemente lo más rechazable: la lógica narrativa sustentada en una enmascarada intervención divina, que permite los reencuentros más insospechados y la superación de los imponderables físicos, no se aviene demasiado con el supuesto realismo de los acontecimientos.

16 de noviembre de 2016

¿Socialismo o barbarie?

A propósito de la victoria de Trump, el poeta Monedero - que también recurría a la comparación entre el multimillonario y Hitler -, reivindicaba el viejo "socialismo o barbarie." Posiblemente no le falte algo de razón siempre y cuando, a la luz de la experiencia histórica de las realizaciones socialistas, se añadan signos de interrogación a la expresión para atenuar su carácter apodíctico. Y después, se tenga en cuenta que la opción por el primer miembro del par debe tomarse como un mal menor ante el segundo, no demasiado más so pena de olvidar los gulags...

11 de noviembre de 2016

Trump y la democracia

Es difícil saber si la comparación entre Hitler y Trump es pertinente. Algunos norteamericanos creen que las diferencias entre el magnate y Hillary Clinton son superficiales y magnificadas por los medios de comunicación europeos. Puede que así sea en parte: la estética e intereses de la mayoría de estos se acomodan más fácilmente a los patricios liberales que a los conservadores populistas. Con todo, también es posible que el arrogante y xenófobo futuro presidente estadounidense lo sea de verdad y que, como ocurrió en Alemania en los años treinta, la descripción marxista sea demasiado simplista e ignore las diferencias entre un matón extremista y una ricachona moderada con el resultado que todos sabemos. Es pronto para saberlo. Lo que sí se puede argumentar, a la luz de lo sucedido en estas elecciones, es que la democracia, por sí sola, no garantiza nada ni es el mejor sistema posible, por definición, abstractamente: la gente puede elegir a un estúpido o a un criminal para gobernarlos como sucedió con el cabo austríaco. Sin justicia social e ilustración, el igualitarismo democrático acaba deviniendo algo puramente formal y, por ello, también falaz.

8 de noviembre de 2016

Escribe Stefan Zweig

"En honor a la verdad debo confesar que en aquella primera salida a la calle de las masas había algo grandioso, arrebatador, incluso cautivador, a lo que era difícil sustraerse. Y, a pesar del odio y la aversión a la guerra, no quisiera verme privado del recuerdo de aquellos primeros días durante el resto de mi vida; miles, cientos de miles de hombres sentían como nunca lo que más les hubiera valido sentir en tiempos de paz: que formaban un todo. Una ciudad de dos millones y un país de casi cincuenta sentían en aquel momento que participaban en la Historia Universal, que vivían una hora irrepetible y que todos estaban llamados a arrojar su insignificante «yo» dentro de aquella masa ardiente para purificarse de todo egoísmo. Por unos momentos todas las diferencias de posición, lengua, raza y religión se vieron anegadas por el torrencial sentimiento de fraternidad. Los extraños se hablaban por la calle, personas que durante años se habían evitado entre sí ahora se daban la mano, por doquier se veían rostros animados. Todos los individuos experimentaron una intensificación de su yo, ya no eran los seres aislados de antes, sino que se sentían parte de la masa, eran pueblo, y su «yo», que de ordinario pasaba inadvertido, adquiría un sentido ahora (...)

Ahora bien, lo más estremecedor de ese desvarío era la sinceridad de la mayoría de estos hombres. Los más, demasiado viejos o físicamente ineptos para el servicio militar, se creían honestamente obligados a colaborar con cualquier «servicio». Todo lo que habían creado lo debían a la lengua y, por lo tanto, al pueblo. Y, así, querían servir al pueblo a través de la lengua y le daban a oír lo que quería oír: que en aquella guerra la justicia se inclinaba únicamente de su lado y la injusticia del de los demás, que Alemania ganaría y los adversarios sucumbirían ignominiosamente Y todo ello sin pensar ni por un momento en que de este modo traicionaban la verdadera misión del escritor, que consiste en defender y proteger lo común y universal en el hombre" (El mundo de ayer, trad. de J. Fontcuberta y A. Orzeszek, p106, 110).

28 de octubre de 2016

Infantilismo

Uno de los pocos méritos de la infausta presidencia de Zapatero, regalada por la soberbia de Aznar y espectáculo de la mentira contumaz de Acebes y los suyos, fue encabezar una legítima revancha en toda regla contra el franquismo y su legado. Del empeño de aquellos gobiernos en "revisar" la historia y recuperar la memoria de los derrotados brotó una narración más bien sentimentaloide en armonía con los tiempos que, pese a sus límites, permitió casi borrar del mapa la derrota republicana y reconstruir pasado y presente. Ahora, a ochenta años vista del alzamiento fascista, se puede decir que la post-posguerra ha sido ampliamente ganada por aquella República que en su momento fue militarmente derrotada y luego perseguida y casi aniquilada. Asimismo, nostálgicos, católicos ultramontanos, anticomunistas y conservadores, que simpatizaron - y simpatizan - tibia o intensamente con el régimen del Caudillo, han sido barridos del horizonte hegemónico de la opinión pública: sus banderas, espectáculos taurinos o músicas, para no hablar de sus éticas y estéticas paramilitares, han sido arrinconadas y casi se podría decir aplastadas bajo el intenso "sentir común" renovador que ha impregnado la opinión pública

No obstante, este incontestable triunfo no tiene el sabor que debería tener, al menos para quien escribe. No es que sepa distinto porque se haya obtenido fuera del campo de batalla lo que no se puedo conseguir en él, una satisfacción vicaria que arguye por ejemplo un amigo "de derechas" para despreciar el incontestable giro que se ha dado en los relatos de autocomprensión dominantes en "su" España, sino porque tiene escaso espesor: es superficial, leve, mínimo, de carácter "espectacular" (Debord), hasta cierto punto publicitario. No es una victoria sólida, sedimentada en el tiempo y sustentada en la reflexión y el conocimiento, sino en la espontaneidad y lo efímero: en una cierta "moda". Una muestra de esta trivialidad ha sido la bochornosa controversia que se vivió en Barcelona la semana pasada con ocasión de la exposición Franco, Victoria, República. Impunidad y espacio urbano y la exhibición de una estatua decapitada del generalísimo de todos los ejércitos habidos y por haber. Contemplar a probos ciudadanos, acerca de cuyo valor cívico bajo su dictadura quizás podrían oponerse algunos reparos, lanzando huevos, pintando y gritando al fantasma del cruel ferrolano y, de paso, cargando contra el Ayuntamiento que organizaba la muestra, considerándolo poco menos que cómplice de su retorno simbólico, no ha sido precisamente edificante por no decir algo peor. Que una instalación diseñada para contribuir a la comprensión de los últimos setenta y cinco años de la historia de España y de Catalunya sea despreciada reduciendo su contenido a un icono que, por demás, es tomado como espíritu realmente existente, como física encarnación de un mal ya desaparecido, es un ejemplo del pensamiento mágico que satura cierta izquierda, romántica e irracional, y de lo fina que es la capa bajo la cual se pretende sepultar el fascismo español y sus efectos: quien ignora con tanta facilidad la historia tiene muchas posibilidades de volver a repetirla.

23 de octubre de 2016

De la conveniencia de repensar ciertas premisas del pensamiento "de izquierdas"

Ciertas premisas del llamado pensamiento "de izquierdas" deberían ser repensadas si éste quiere hacer honor a una parte de su tradición caracterizada por la actividad crítica. A la otra parte, la dogmático-romántica no le hace, evidentemente, ninguna falta y así nos luce el pelo. Uno de los principios que, cuanto menos, deberían ser reevaluados es el que postula el condicionamiento socio-cultural de la conducta humana, bien sea entendida al modo suave de la "sobredeterminación" bien al mecánico de la pura y lisa "determinación". No es sólo que individuos de similar origen geográfico, social y desarrollo cultural desarrollen comportamientos notablemente diferentes sino que uno de los clásicos tópicos de este modelo, el de la reeducación, el de la perfectibilidad, no acaba de concordar con una amplia serie de hechos. Probablemente, uno de los que mejor ilustra este peligroso límite del discurso de la tradición izquierdista sea la imposibilidad de que los psicópatas modifiquen sus pautas de actuación con las debidas medidas correctoras: que aprendan y "mejoren". La posibilidad de que determinados factores biológicos sean capaces de resistir cualquier influencia socio-cultural debería ser cuidadosamente sopesada por este paradigma pues explicaría mejor, por ejemplo, la persistencia del crimen a lo largo de distintas épocas, civilizaciones y organizaciones productivas. El estudio  "Punishment and psychopathy: a case-control functional MRI investigation of reinforcement learning in violent antisocial personality disordered men" le pondría una pequeña carga de demolición más.

17 de octubre de 2016

Ivan Bunin y los riesgos de la vigilancia crítica

En las idas y venidas de las reinterpretaciones continuas, es probable que no quepa plantear muchas objeciones a la interrogación foucaultiana acerca del papel de "la revolución" como eje regulativo de cualquier teoría y práctica política que tome como objetivo principal la transformación de la sociedad. Incluso tampoco acerca de su función en el horizonte de la eticidad. Esta pertinencia, sin embargo, debe ser cuidadosa. El sesgo totalitario y romántico de la noción en su uso habitual en el discurso de la izquierda marxista y anarquista, que precisa de una cuarentena inicial cuanto menos, no tendría que desembocar en un rechazo radical e inmotivado que acabaría obedeciendo a un conservadurismo primitivo que pretendería mantener, en la medida de lo posible, las injustas relaciones económicas vigentes. Este riesgo se observa, por ejemplo, en algunas de las relecturas contemporáneas de la obra de Ivan Bunin que ahora resultaría un adalid de las libertades y la lucha contra la dictadura cuando su oposición al régimen bolchevique parece fundamentarse más bien en una visceral e irreflexiva defensa de un orden zarista reformado que en la reflexión crítica acerca de los peligros de la opción revolucionaria clásica.

" Esto es Asia. Definitivamente: Asia. Por doquier hay soldados, chiquillos, se venden melindres, turrón de sésamo, galletas con granos de amapola, cigarrillos con boquilla de papel. Gritos y hablas orientales. ¡Qué repugnantes sus rostros amarillos y sus cabellos hirsutos! Tanto los soldados como los obreros que se enfrascan en la descarga de los camiones ostentan triunfantes jetas (...) Y todo eso se repite una y otra vez, puesto que entre los rasgos distintivos de las revoluciones están la sed de juego, la hipocresía, el gusto por las poses y la farsa. El mono que hay en cada hombre se despierta y asoma la cabeza (...) A la vez, por las calles todavía claras, pero ya extrañamente vacías, corren hacia esos clubes y teatros en fogosos automóviles los representantes de la nueva aristocracia roja generalmente acompañados de emperifolladas mujerzuelas a ver a sus serviles actores: marineros con enormes revólveres Browning sujetos a sus cinturones, carteristas, truhanes de toda laya y ciertos petimetres cuidadosamente afeitados, vestidos con guerreras, pantalones arrugados hasta la indecencia, elegantísimos botines, siempre con espuelas, y todos ellos con dientes de oro y los grandes y oscuros ojos de los cocainómanos" (Días malditos, Trad. de Jorge Ferrer, p54, 60, 92).

Si cabe sospechar de los "profesionales de la revolución" y su retórica, no menos de la de los que ocultan bajo la denuncia del totalitarismo su deseo de que el orden de cosas existente sea preservado de cualquier alteración significativa.