7 de mayo de 2014

Crónica de la Nueva Edad (07/05/2014)

 

Un amable lector me hace llegar sus apreciaciones críticas con el más reciente comentario aparecido en este cuaderno acerca de la situación en Catalunya. En su opinión, "seguramente de manera involuntaria", los vaticinios acerca del desenlace violento del conflicto, que además no están avalados por "ninguna prueba objetiva" (lo cual es cierto), hacen "el juego, objetivamente, a la estrategia del miedo que está utilizando el estado español". Como uno no es siempre el mejor observador de sí mismo, aunque tampoco tiene por qué ser, por principio, el peor, podría ser que estuviera en lo cierto. El problema surge cuando expone sus argumentos en contra. Podría resumirlos en tres:

a) el pueblo catalán ha demostrado, históricamente, su carácter pacífico y civilizado;
b) aunque el Estado español estuviera tentado de poner fin por la fuerza al proceso soberanista (le disgusta la expresión "movimiento secesionista") se las habría con una población mucho menos manejable, en términos cuantitativos y cualitativos, que en el caso vasco; y
c) la Comunidad Internacional no toleraría una solución armada al problema.

Concedámosle el beneficio de que sus argumentos tienen detrás "pruebas" que los refuerzan y no se trata de meras observaciones muy "dependientes del estado de ánimo".

Respecto a la primera. De que hasta ahora este pueblo haya demostrado ese carácter no se sigue que en el futuro lo vaya a seguir demostrando: es una presunción que olvida que "los pueblos", vamos a aceptar que existen, evolucionan históricamente. Un ejemplo: entre el militarismo alemán del s. XX y la postura de la población alemana actual respecto al uso de la fuerza militar hay una notable diferencia. Por tanto, el "pueblo alemán" ha variado, por lo que sea, algunos comportamientos. Y siguiendo con el mismo caso, nadie hubiera pensado, en 1925, que un "pueblo" tan civilizado, dejemos de lado la cuestión de su "pacifismo", podría perpetrar unos crímenes tan descomunales como acabó haciendo un par de décadas después. Con ello uno, por supuesto, no quiere decir que eso ocurrirá con "el pueblo catalán" sino que, por un lado, debe ser puesto en entredicho la concepción de la existencia de carácteres inmutables de los pueblos y, por otro, que los hechos pasados no pueden garantizar comportamientos futuros. De hecho, pensándolo bien, hay aquí una coincidencia con un tópico que manejan algunos españoles del bando opuesto: el carácter cobarde y mercantil de "los catalanes" les lleva a concluir que todo quedará en agua de borrajas... ¡Pues no lo tendría tan claro!

Respecto a la segunda. Uno no está pensando en las clásicas soluciones del estilo "tanques por la Diagonal" o "Guardias civiles en la Plaça Sant Jaume", todo y que, según la coyuntura internacional, el estado del enfrentamiento y la correlación de fuerzas, tampoco cabría descartarlo a la ligera. Más bien tiene en mente un modelo de violencia más difusa como el que tuvo lugar, por ejemplo, en Italia en los setenta y que descabezó el movimiento revolucionario de aquel país: servicios secretos, grupúsculos terroristas, atentados selectivos, violencia de baja intensidad y puntual pero constante... Algo que, en su escala y salvando las diferencias, también sucedió en Euskadi: en la "Guerra del Norte", el Ejército español tan sólo intervino puntualmente, como fuerza actora, para impermeabilizar fronteras y realizar algunas operaciones encubiertas. ¿Es impensable que eso ocurra aquí? Supongamos una cadena de atentados por parte de un grupúsculo, infiltrado o no, que opte por la lucha armada como única vía para la secesión dado que España no se aviene a negociar y la Comunidad Internacional se desentiende de Catalunya. ¿Sería descabellado que este escenario se reprodujera?

Respecto a la tercera. Muchos secesionistas tienen en mente el modelo báltico o "la revolución de terciopelo" pero los Balcanes y Ucrania muestran que la Comunidad Internacional opera según geometrías variables. Dependiendo del tipo de "solución armada", por ejemplo una respuesta a una organización armada secesionista, infiltrada o no, ¿está tan claro que la Comunidad Internacional desarmaría al Estado español? De nuevo hay que insistir en que hechos pasados no autorizan a suponer comportamientos futuros.

Uno se teme que tras estas críticas haya, también, "un estado de ánimo". El amable lector prefiere pensar que Catalunya será, en breve, un estado independiente dentro de la Unión Europea y que ello sucederá por cauces pacíficos y democráticos. Es posible. Mas uno, actualmente, no lo cree probable. Es más bien pesimista al respecto. Quiere decir: no respecto a la independencia o no de Catalunya, que dependerá de muchas variables, sino de que el proceso fluya de la manera tan educada, respetuosa y festiva que él supone.

De todas formas, como uno ha dicho más de una vez por aquí: ¡ojalá me equivoque!

P.S: Todo lo anterior, como esta serie de "Crónicas" en general, parten, obviamente, del supuesto que las élites gobernantes y los grupos económicos que se sirven de ellas en Catalunya y España no mienten respecto a este asunto y que no hay una solidaridad no sólo objetiva sino también subjetiva entre ambos grupos. Es decir, que no hay ningún pacto implícito o explícito entre capitalistas, grupos que detentan parcelas más o menos amplias de privilegios y políticos catalanes y españoles para ir prorrogando este enfrentamiento que paraliza, mientras tanto, la respuesta social al desmantelamiento de los derechos laborales y sociales conquistados arduamente por los asalariados durante décadas de luchas y las apuestas por la causa general de la emancipación de los seres humanos.

Aunque las conspiraciones, haberlas, háylas...