22 de junio de 2015

Crónica de la Nueva Edad (22/06/2015)


Escribía el otro día acerca del proceso de "desconexión" de España y, hasta cierto punto, de la realidad - al menos de los estados de cosas actualmente vigentes, pues hay que recordar la pertinencia del teorema de Thomas - de buena parte de los catalanes. Señalaba que en Barcelona y su área metropolitana, así como en Tarragona ciudad y en menor medida en Lleida ciudad, este proceso no era todavía hegemónico y que por ello se estaban poniendo en marcha una serie de estrategias micropolíticas destinadas a conquistar las zonas no adheridas al proyecto y, en las comprometidas con él, profundizar la brecha. La más importante de todas ellas es, seguramente, la Iniciativa para la Reforma Horaria, un lobby, como ellos mismos se consideran, en el que destacados "intelectuales" militantes de la causa secesionista tratan de impulsar un cambio de hábitos horarios parejo al proceso de construcción nacional. En sus palabras: "el objetivo de la Iniciativa para la Reforma Horaria es ejercer de lobby y de impulso de esta nueva fase de construcción nacional. Claramente es necesario deshacerse del lastre que representan los horarios actuales que tienen su origen en el 'desarrollismo' franquista y asociar la reforma al impulso de la nueva etapa como pais" ("l'objectiu de la Iniciativa per a la Reforma Horària és exercir de lobby i d'impuls d'aquesta nova fase de construcció nacional. Clarament cal desfer-se de la rèmora que representen els horaris actuals que tenen el seu origen en el 'desarrollismo' franquista i associar la reforma a l’impuls del nova etapa com a país). Más claro el agua. Un nuevo régimen de horarios "más europeo" y que entroncaría, según los promotores, con los hábitos tradicionales del país, operaría como un elemento crucial de "desconexión" del resto de España en un plano tan aparentemente insignificante como el de los ritmos horarios individuales y colectivos. El objetivo táctico inmediato en el marco de este objetivo estratégico: promover las reformas legales pertinentes en 2016. ¿Les será fácil conseguir este cambio conductual? No. Por ello se han propuesto fomentarlo verticalmente promulgando leyes. ¿Es una reforma trivial e inocua? No. Podría ser incluso más revolucionaria de lo que parece. Al menos en Europa, la distinción entre territorios en los cuales no pueden apreciarse demasiadas diferencias étnicas o lingüísticas, o las que hay no son tan pronunciadas como para apoyar una separación nítida, las costumbres horarias pueden influir tanto como las alimentarias, las musicales o los repertorios humorísticos o conversacionales en general a la hora de incrementar y sustentar la percepción de esta diferencia.

Otro de los mecanismos micropolíticos que están utilizando los secesionistas para ensanchar el espacio desconectado y consolidar el que ya lo está, es el uso de una xenofobia débil que encuentra un terreno abonado, más sencillo de labrar que el de las costumbres horarias, en la habitual xenofobia que en muchos lugares de España se ha practicado respecto a los catalanes. Ha sido, y es, un uso tan extendido y "normal" que uno ha podido constatar que muchos de mis amigos allende el Ebro se ofenden si se les insinúa que tras los tópicos, chistes y generalizaciones abusivas, se esconde un mal disimulado desprecio por aquéllos y arguyen inmediatamente su "admiración" por esa "laboriosidad" del "pueblo catalán" - o por su "apertura política y cultural" - que correría pareja a unos defectos ("tacaños", "peseteros", "interesados", "egoístas", etc.) que, sin embargo, no tardan en reaparecer en la conversación. Un ejemplo de esta estrategia que hasta ahora había quedado circunscrita a los círculos secesionistas más etnicistas, minoritarios durante décadas, y que gracias especialmente a la labor de los diputados de Solidaritat per la Independència en las legislaturas anteriores - su reiterado "Espanya ens roba", por ejemplo, en el hemiciclo de la Cámara catalana -, ha acabado cobrando carta de ciudadanía en los medios de comunicación, la recibo periódicamente en un boletín de noticias secesionista. He aquí algunos titulares de dos de estos últimos resúmenes:

"El tribunal de justícia de l'Aragó li pren el fill a una mare perquè diu que parlar català és dolent"
 "L'esquerra espanyola diu "muerte a Mas""
"La festa espanyola continua"
"Ara Espanya roba tavernes"
 "Per saber quant paguem d'impostos"
"Cada dia tenim més amics"
"Vegeu com són els espanyols d'avui dia"
"Per als espanyols, xiular és un acte violent i intolerable, però torturar un bou és art i cultura"
"El govern espanyol diu justifica l'expulsió del consolat de Brusel·les del ciutadà que havia fet una carta en català"
"Recull de paraules dites pels espanyols que viuen a Badalona, el dia d'investir el nou batlle"
Y podría seguirse...

Hay muchos más procedimientos que los secesionistas están poniendo en juego para afianzar esta desconexión y que el estado español está menospreciando sin, me parece, apercibirse del enorme valor político de ésta. Así, a bote pronto, se les debería ocurrir que la desconexión facilita la propagación psicológica y sociológica de la inevitabilidad y la irreversibilidad de una secesión para la que ya no se precisaría una consagración mediante un acto consultivo clásico: una ruptura institucional sería suficiente pues se limitaría a sancionar y dar naturaleza jurídica a un estado de cosas existente y "evidente". Por ello la Declaración Unilateral de Independencia se está imponiendo en el imaginario secesionista con tanta rotundidad como vía de salida de la actual situación.